miércoles, 8 de marzo de 2017

Te llamé porque me acordé de cuando llegué a Iquique, de cuánto se demoró el auto en llegar al momento justo cuando aparecen las luces de la ciudad, y luego cuando entraba entremedio de las calles y llegaba a tu casa, Pedro Gamboni, y te llamaba por celular. Tú estabas con un polerón color mostaza. Entramos callados, cerraste la puerta y nos abrazamos. Hace dos meses no te veía, me daba tanta pena. Era la segunda vez que nos veíamos después de todo, después del terremoto y después de cambiar mis pasajes. La primera vez fue en tu casa, andabas con polerón negro y me fuiste a buscar a la micro en Santa Raquel con San José, me esperaste en la Copec, justo al frente del paradero al que me ibas a dejar cuando iba a tu casa pero ya se hacía tarde y me tenía que ir a mi casa. Tomamos once, vimos una película, estábamos felices.

Allá donde se encontraba el amor

Pensé que en realidad no era tu amor, sino otra cosa, porque cada vez que pienso en nosotros, veo otras cosas, como lugares, estaciones o canciones. En el norte conocí tu amor, conocí el amor, pero cada vez que recuerdo ese lugar pienso en las calles áridas, la costanera y la cordillera sin nieve y tan cerca. En esa escena tu imagen rara vez aparece. Sin embargo, en ocasiones pienso en tu nombre, se repite algunas veces hasta que llega la noche y ese sonido se deja de escuchar. Y ahora pienso que siempre recordaré Iquique, porque ese fue mi amor, ese fue tu amor.