jueves, 2 de abril de 2020

Tal vez debería ser honesto

Esta semana, a propósito de encuentros no tan azarosos, he leído algunas cosas que escribí tiempo atrás: una carta que te escribí para cuando cumpliste 27 años, y otros pequeños apuntes de mis pensamientos y emociones, creo que del 2014.

No sé por qué uno escribe que se amará por siempre; pienso que tal vez la dimensión del tiempo se compromete para dar cuenta de la intensidad de los afectos. Y es que no puede ser de otra forma. Los afectos son contingentes y están determinados por la historia que los precede y que los vio nacer, y también por las circunstancias de sus momentos. Así que sí, nos decimos que nos amaremos por siempre porque la intensidad y la fuerza de nuestros afectos supera los adjetivos de cantidad y entonces hace uso de palabras que refieren al tiempo.

Ahora pienso que no quiero nada más que disfrutar los días que pasan, aunque sea difícil, aunque hoy en día parezca imposible. Estamos en cuarentena por una pandemia a la que hasta hace un mes no nos generaba nada más que risa y escepticismo. Y claro, si le hubiésemos prestado atención a las proyecciones que surgían a partir de la situación de Europa, hubiésemos postergado esa interpelación que sentenció nuestro compartir.

Ahora me siento confundido, y también muy deprimido. Siento tu falta, me haces mucha falta, te echo mucho de menos y toda esta semana he pensado en qué bien me vendría dormir contigo. ¿Qué me pasa?¿qué significa todo esto, que te eche de menos, que me imagine junto a ti, que quiera pasar una noche contigo? No sé, porque al parecer las categorías fijas y rígidas con las que ordenamos nuestras experiencias no le hacen justicia a la complejidad de nuestro sentir, o al menos a la singularidad del mío.

¿Por qué si sentimos que algo raro está pasando entre nosotros dos nos lleva al borde que demarca los límites entre nuestra intimidad más profunda y el distanciamiento más indiferente? Siento que terminar es precipitarse a tomar una decisión que está predefinida, que no elaboramos en conjunto ni tampoco cada uno por su lado. Si yo pudiera definir el devenir de nuestros días, pondría en primer lugar el reconocimiento de la importancia que tiene el mantenimiento de nuestro vínculo. Porque nos queremos, aunque peliemos, aunque no nos veamos, aunque dejemos de hablar. Nos queremos. ¿Y entonces cómo uno decide dejar de ver y hablar con alguien que quiere? Yo creo que ese tipo de relaciones implica mantener conversaciones importantes, que no dejan de ser densas y complicadas, cansadoras e incluso dolorosas, pero no me digas que estos días no te han dolido.

Y no sé, yo creo que desde hace tiempo, desde siempre que me pasan cosas que te implican y en algún punto de nuestra relación dejé de compartirte lo que me pasaba, y mis procesos afectivos comenzaron a independizarse de ti. Comencé a darme cuenta que tal vez en nuestra relación no había un espacio para que yo pudiera decirte lo que me pasaba. Y eso inevitablemente me hizo cuestionarte como pareja; de alguna forma sentía que a ti no te acomodaba escucharme o sostener conversaciones. Y para mi esas conversaciones se hacían necesarias, porque entre nosotros pasaban cosas, porque nuestros afectos son contingentes y están sujetos a lo que pasa a nuestro alrededor, ¿y qué hacía yo con todo lo que sentía?

En algún momento me di cuenta que no tenía que conversar todo contigo, que para eso tengo a mis amigas o me tengo a mí mismo. Pero eso no era todo lo que pasaba. Yo creo que a mí se me hizo innegable una diferencia, entre esa especie de paradigma de amor romántico que caracterizaba lo que yo experimentaba estando contigo los primeros años, y una nueva forma de pensarnos que fuera más crítica y al mismo tiempo más amable con nuestras formas y nuestros ritmos. Y esta nueva forma me hacía sentir más tranquilo, pero al mismo tiempo menos comprendido por ti. Me daba la impresión que a ti no te gustaba mucho mi nueva disposición, o al menos no me sentía acompañado por ti en estas cosas.

Ahora pienso que no me gusta que no hablemos, no me gusta que no podamos saber cómo estamos, no me gusta que ya no podamos contar con el otro. Una vez leí que los afectos se transforman, y uno puede sostener eso. Yo creo que el amor es amor pero no siempre implica lo mismo. Y ahora me gustaría estar contigo, pero también me gustaría poder estar solo, quedarme en mi casa algunos días y abstraerme de ti. Y me gustaría que en esos días tú también pudieras prescindir de mi y que eso no sea resentido como un problema, como una señal de que algo malo pasa.

No sé qué hacer. Me gustaría hablarte pero no sé por dónde partir. Tal vez siendo honesto y diciéndote que te echo de menos, que me gustaría que nos viéramos, que me gustaría saber cómo has vivido estos días que han sido bien intensos y sobre todo para ti. Me gustaría decirte que quiero abrazarte, que no quiero que desaparezcamos ni dejemos de participar en la vida del otro pero que me gustaría que fuéramos más sensibles a nuestros nuevos ritmos y a nuestras formas, siempre cambiantes, y me gustaría que si tenemos que conversar algo, si nos sentimos mal por algo que está ocurriendo entre nosotros, conversemos y que nuestra separación no sea la opción por defecto. Me gustaría que nos acompañáramos, y que nos atreviéramos a definir qué significa eso para nosotros.