sábado, 22 de diciembre de 2018

¿Te sigue no pasando nada?

En estos últimos días de primavera reverberan las sensaciones de los primeros. No me vi venir que después de lo del otro día me sintiera así, y la verdad es que no se me ha pasado mucho. No sé tampoco si decírtelo, o si decírselo a alguien. Estuve pensando en hablar con la Cata A., no sé, siento que ella es alguien muy cercana, y siempre me ha escuchado tan bien y me ha hecho sentir que las cosas no están tan confusas como las siento, y claridad me vendría bien para estos días.

¿A ti no te pasó nada? Quizás, como no es la primera vez, ya perdió la novedad y esto es algo que olvidarás rápidamente. A diferencia de las otras veces, me he sentido muy ocupado pensando y pensando; incluso en otro día me fui en el metro repitiendo tu anombre, para ver si de repente, y de alguna extraña forma, te impactaran mis palabras.

En fin, estoy muy muy atrapado y, como viene pasando, no veo por dónde pueda salir. Pero quiero salir.

jueves, 19 de abril de 2018

¿Y ahora qué?

Nos saludamos 2 veces en la facultad; la primera vez no me atreví a acercarme, así que solo moví la mano y me respondiste de la misma forma, la segunda vez te acercaste de frente y me diste un beso en la mejilla.

Un día estábamos hablando y me dijiste que nos quedáramos una tarde conversando. Durante el viernes miraba por la facultad y no te veía, no es que siempre esté atento a si andas por ahí, es solo que no te veía. Te hablé y me dijiste que te habías olvidado, que no habías ido pero que podíamos vernos en un rato. Me dijiste que fuera a tu casa, pero que tenías todo desordenado, así que necesitabas unos minutos para recibirme. Al final fui a tu casa, me esperaste en la entrada del edificio y fuimos a comprar; tú compraste algo para fumar y yo algo para tomar.

Hablamos sobre el norte, sobre los bailes y los tatuajes; me mostraste tu reciente tatuaje y también el aro de tu ombligo. También hablamos sobre nuestras carreras (no creo que ninguno de los dos le haya prestado atención al otro) y nuestros fines de semana. Me acuerdo que dijiste que no imaginabas que yo fuera así, tan simpático y extrovertido, que me imaginabas más serio y reservado. Quizás si nos hubiéramos visto en la universidad esa tarde, probablemente hubiese estado más reservado, pero muy generalmente los espacios tienen efectos sobre lo que hacemos.

La verdad es que no logro recordar la sucesión de hechos de esa noche; ese día había consumido muchas cosas que usualmente no hacía, así que no estaba particularmente capacitado para grabar los acontecimientos. De todas formas recuerdo algunas cosas, como por ejemplo esa canción que pusiste y que te dije que no me gustaba, pero que finalmente igual terminé cantando. También recuerdo tu balcón y todo lo que fumamos, mientras yo pensaba en todas las cosas que quería dejar de lado esa noche y que finalmente no pude olvidar. Recuerdo que nos pusimos a bailar, solos en tu casa, y que nos reíamos y reíamos de no sé qué cosas. No puedo recordar si nos fuimos a acostar juntos, pero sí recuerdo que despertamos juntos y que nos quedamos algunas horas aprovechando la mañana.

Esa noche sentí que hice lo que quise, me di la libertad de seguir un impulso y no me arrepiento. De hecho me siento bien, sobretodo a propósito de lo que hablamos y de cómo se dieron las cosas. No sé si haría las cosas diferentes, durante esa tarde, y sobretodo durante esa noche.

Igual y estos días he pensado harto, y me da pena pensar que probablemente tú no has pensado nada. Hemos hablado nuevamente un par de veces, pero me da la impresión de que finalmente no ocurrirá otra cosa que lo que ya pasó.

viernes, 16 de febrero de 2018

De esos encuentros en otros lugares

Con toda la volatilidad de nuestras vidas, no sé cómo podría evitar haberte conocido de la forma en la que lo hice. La primera vez nos vimos en el metro, tú ibas de camino a tu casa y yo recién saliendo de la mía. Estaba escapando de todo lo que mi casa encierra, las fotos, mi cama grande media desordenada y media sin usar, los olores y la pena. Cuando te vi no pensé que eras tú, pero al acercarme a ti me saludaste muy entusiasmado y al tiro nos pusimos a caminar. Salimos de la estación y nos fuimos a comer un completo. Estuvimos no muchos minutos conversando, sobre tu historia y sobre mis ideas. Hace mucho tiempo que no me daba la posibilidad de conocer a alguien como lo hice contigo, así, a la rápida, sin muchas expectativas pero sí con muchas ganas.

El lunes, la última vez que nos vimos, fue diferente. No sé, yo sentía que entre tus palabras y mis interrupciones aparecía algo que los dos sentíamos, como un elefante rosado que se dibujaba en la habitación de nuestras conversaciones. Tampoco sé bien qué me pasa pero siempre me pongo en esa posición de esperar algo del otro, algo de ti en este caso, y bueno, me diste lo que yo quería, la primera referencia al elefante. No te voy a mentir que cuando me quisiste sacar la polera yo me puse demasiado nervioso, pero es que no estaba preparado y la verdad es que tendría que contarte toda mi historia para que entendieras el porqué de mis temores. Al final igual lo hicimos, pero ese no es el punto. Yo te miraba y tú me mirabas, me hacías reír y yo te decía que eras un pesado, porque no sé si no entendías lo que te quería decir, o si, aun entendiendo, preferías hacerte el desentendido para hacerme las cosas más difíciles.

Si me vuelves a preguntar si fuiste amable, te respondería lo mismo. Y no tiene nada que ver que yo me quejara, pero es que me apretabas y me tapabas la boca cuando aumentaba el volumen de mis gemidos de una manera que no te imaginas. Así que no, la amabilidad no tiene nada que ver con tu fuerza o con el ritmo en que se dieron las cosas. Fuiste amable porque sí, y eso es lo que importa.

Después de que no pudimos más (o de que yo no pude más), te fuiste a bañar y luego tuviste que volver a tu casa. Si tuviera que decirte algo a propósito de esa vez, te diría que me da miedo que todo se diluya en la futilidad con la que parecen vivirse los encuentros. Y me da miedo porque no sé, conocer a alguien y luego dejar de verlo parece una cosa tan de estos tiempos, que hay más probabilidades de que efectivamente eso pase, y si pasa la verdad es que me daría pena, porque todavía no aprendo a imitar tu acento y a hablar sin cantar.

martes, 13 de febrero de 2018

Llámame por tu nombre y te llamaré por el mío

"Lo que ustedes tuvieron tuvo todo y nada que ver con inteligencia. Fue bueno. Ambos tuvieron suerte de encontrarse porque los dos son buenos. Creo que él era mejor que yo. Estoy seguro que él diría lo mismo de ti. Seguro que diría lo mismo. Es un cumplido para ambos.
Cuando menos lo esperas la naturaleza encuentra nuestros puntos más débiles. Solo recuerda que estoy aquí.
Tal vez ahora mismo no quieras sentir nada. Tal vez nunca quieras sentir nada. Y, tal vez no sea yo con quien quieras hablar de estas cosas, pero siente lo que obviamente sentiste. Tuvieron una hermosa amistad, tal vez más que una amistad, y te envidio. 
Nos desprendemos de tanto para curarnos más rápido, que a los 30 quedamos en quiebra. Y cada que iniciamos con alguien nuevo, tenemos menos para dar. Y hacerte el duro para no sentir nada es un desperdicio. ¿He hablado de más? Y diré una cosa más, aligerará el ambiente. Habré estado cerca, pero nunca tuve lo que ustedes dos tuvieron. Siempre hubo algo que me detuvo."

domingo, 14 de enero de 2018

Tengo tanta pena. Me dijiste que querías conversar, y yo sabía que se venía algo fuerte. Habíamos peleado para año nuevo, y también te había hecho problemas ese viernes. Nos juntamos el primer jueves de enero y fuimos a un bar que quedaba cerca de tu trabajo, por Avenida Cumming. Nos sentamos, pedimos algo para tomar: yo una michelada y tú unos mojitos. También pedimos una chorrillana que no nos comimos ni hasta la mitad. Cuando ya no pudimos más, nos fuimos y tomamos el metro juntos. Yo te pregunté si tenías ganas de que fuéramos a algún evento de Santiago a Mil para saber si tenías intenciones de que hiciéramos cosas, y me dijiste que sí. Cuando te bajaste en San José me diste un beso en la boca, como siempre. Yo me sentí bien.

Esa noche me dijiste que no hablamos sobre nosotros, así que nos juntamos el sábado en la tarde. Me dijiste que querías estar solo, que te sentías mal en tu casa y que no querías preocuparte de nadie. También me dijiste que ya no te daban ganas de estar conmigo, no tenías ánimo para que nos viéramos o para que habláramos. Yo te entendí, te dije que podía darte el tiempo y el espacio que necesitaras, también te dije que si querías terminar, podíamos hacerlo. Me dijiste que no querías terminar, pero que estabas confundido y que querías estar solo. Después peliamos un rato sobre las cosas que nos molestaban, sobre lo del año nuevo y sobre lo de ese viernes. Sobre algunas cosas que habían pasado meses e incluso años atrás. Yo te decía que quería seguir contigo, pero en tu confusión ya estabas claro, y no había nada que pudiera decirte que te hiciera cambiar de postura. Me acompañaste a comprar algunas cosas a la farmacia, algunas cosas que a nadie más le podría haber dicho que me acompaña a comprar, y sabía que sería la última vez que me ayudarías con algo así.

La noche de ese sábado me junté con la Geral y el Alfredo en la casa de la Coni, y no sentía nada.

Al otro día me escribiste que había algo que me querías decir, pero que no te atrevías a decírmelo en persona. Te dije que no quería saber si te gustaba otra persona, porque ya había pasado por lo mismo contigo hace dos años y habían sido los peores días de nuestra relación, por lo menos para mí. No me dijiste nada y entonces supe que esa era la razón: te gustaba otra persona. No quería pensar en eso, así que te dije que quería que me pasaras las cosas que tenía en tu casa, para no tener que ir nunca más. No quería tocar el tema, porque sabía que me iba a sentir mal. Y bueno, ahora me siento mal y lo estoy escribiendo.

El jueves nos juntamos, me pasaste mis cosas y me preguntaste si tenía algo que decirte. No sabía que decirte, porque quería decirte que te arrepintieras, que me sentía mal, que no podía creer lo que estaba pasando, que me quería morir, que necesitaba que volvieramos a estar bien, que necesitaba que me dijeras que me querías y que me fuera a quedar a tu casa, que viéramos una película y que comiéramos algo rico. Pero como no ibas a hacer eso, no quise decirte nada.

Hoy día me sentí mal, porque vi que saliste y que fuiste a donde justo yo me arrepentí de ir, menos mal. No sé cómo me sentiré al verte luego de saber que ya no estamos juntos y luego de saber que ya no hay posibilidad de marcha atrás. No solamente porque le diste un beso a otra persona, y bueno, quizás qué otra cosa más. Me imagino todo, porque lo único que querías era estar solo para no estar conmigo y así poder estar con alguien más. Pero lo difícil es verte sabiendo que no me quieres, que no me amas, que no te puedo mirar, que no podemos hacernos los difíciles para terminar bailando juntos como siempre.

No sé, hoy me dio un bajón y ya no quiero nada, quiero que sea 2019 para ver si en esos tiempos me siento mejor.

sábado, 6 de enero de 2018

29 de diciembre del 2017, a 4 años

Me acabo de dar cuenta que hace 4 años nos conocimos. No le había prestado atención a la fecha, porque entre las fiestas de fin de año mis pensamientos se van a otras partes, como a la universidad o a las vacaciones. Igual y nunca le pusimos tanta atención a las fechas; yo siempre quise hacerlo, antes de conocerte me imaginaba pensando en un regalo en alguna fecha en especial, pero nunca hicimos algo en particular. De ahí en adelante me comencé a sentir tonto cada vez que accidentalmente me daba cuenta de la fecha y pensaba en qué día era ese. Luego empecé a pensar diferente con respecto a la gente que recordaba y celebraba fechas, y también comencé a pensar diferente en torno a mí. La primera vez recuerdo que fue el 14 de febrero del 2014 (lo recuerdo fácilmente, pero si me costara recordar las fechas podría revisar mi libreta de ese año, porque tengo todas las fechas y cosas que hicimos durante ese verano), viniste a mi casa porque mi familia no estaba, y yo te había comprado un regalo, unos chocolates. Qué regalo más común, pero no sabía qué otra cosa podría ser, nos conocíamos poco y yo tenía poca confianza. Bueno, te había comprado un regalo, y me sentí mal. Y tengo la sensación de que esa fue la noche en la que me dijiste otro nombre, y bueno, también me sentí mal.

A propósito de sentirme mal, también me siento mal cuando pienso en que antes te escribía cartas, el contenido no lo recuerdo exactamente pero sí recuerdo cómo me sentía cuando las escribía. La carta que te envié para tu cumpleaños la escribí llorando, porque no podía creer que seguíamos juntos a pesar de la distancia, ni tampoco podía creer las cosas que sentía. Ahora también me siento tonto al recordar que antes te escribía cosas. A veces lo hacía porque me decías que te gustaba mi letra, otras veces lo hacía porque quería.

Ahora me dices que ya no te escribo como antes, y la verdad es que dejé de escribirte cartas cuando me di cuenta que en tu libreta habías escrito otro nombre (el mismo del 19 de octubre, justo un mes antes de mi cumpleaños del 2015), y no el mío (José Ignacio Lucas Gamonal Núñez, completo). Ni siquiera dejé de hacerlo cuando pensaba en que nuestra relación epistolar no era recíproca, ni cuando me decías que eras igual a mí, pero no conmigo, con otros, los de antes, no conmigo.

El tema es que ahora me echo de menos, y siento que no voy a dejar de hacerlo hasta que te eche de menos a ti. Las palabras se repiten, las inconsistencias, las irrupciones de mi parte y las retiradas de tu parte, y la  verdad es que no creo que dejen de repetirse.

En fin, no creo que sea casualidad que este 29 de diciembre, en vez de recordar la fecha que era, haya pensando en a qué lugar me gustaría ir de vacaciones, y qué me espera el 2018 en la universidad. Y bueno, lo que pasa es que eso es lo que quiero, aprender y descansar. 4 años es suficiente (para quedar con las ganas, con el amor, con los recuerdos, con la rabia, y con todo eso que quiero que se mantenga en mí durante los próximos 4 años).