El domingo en la noche iba caminando por Eyzaguirre para mi casa, después de haber estado con las chiquillas un rato que se hizo poco. Estaba todo súper oscuro, lo único que se podía encontrar eran unos pocos autos que pasaban con las luces prendidas iluminando lo poco que podían. Me di cuenta que la luna ya no estaba tan grande como cuando la había visto cinco minutos atrás, sin embargo, mantenía la tonalidad nocturna con la luz a través de las palmeras. Al final esa fue una noche en la que descubrí las cosas en las que fijarse; los errores, las fallas, que es súper importante, siempre con las ganas de que sea para bien, siempre con ganas, eso es todo. Yo creo que no hay nada más importante que fijarse en las cosas, pensarlas, y no valoro nada más que pensar, que pensar las cosas; y si de repente no hay concordancia en las formas de ser, en las formas de pensar y en las formas de hablar, está bien. Yo por mi parte, voy a seguir pensando la forma como poder decir cada cosa que quiera, porque al final así soy no más, así que eso es todo.
Seguí caminando por esa parte que queda cerca de la casa de la Michelle. Siempre me ha gustado, siempre he tratado de sacarle fotos aunque nunca haya encontrado una buena. Me iba acercando al colegio en el que estuve toda la media. A veces pienso que ese es un lugar o un espacio diferente en Puente Alto, por el suelo, por el camino de adoquines, por las casas, por los árboles, por el pasto, por todo. No sé si esas cosas producen una atmósfera antigua o uno se transporta, qué se yo, pero es muy bacán.

