miércoles, 29 de abril de 2015
Dos días de verano
Entonces me quedé ahí, sentado mirando la curvatura que se hace al fondo, en el horizonte, cuando uno mira la línea divisoria entre el cielo y el mar, y alcancé a ver un poco de tonalidades rosadas y anaranjadas, eran los colores del ocaso. Pensaba en cuántos días hubiese querido estar ahí, también pensaba en la espuma que se hacía cuando la ola llegaba a la orilla y el agua desaparecía en la arena. Pensaba en las marcas que dejan las pisadas en la arena y también en lo poco que duran esas marcas cuando son alcanzadas por el agua. Eran dos meses solamente y yo ya sentía que era una vida entera juntos.
jueves, 23 de abril de 2015
Qué hacer, cómo saber
Pucha que pena las vueltas que da la vida. Qué fome pensar que quizás en dos años más uno quizás no estará como ahora, que habrá cosas de las cuales no querrá hablar, que tendrá fotos que no querrá que nadie vea o palabras que preferirá no volver a leer.
Pero también es súper fome estar viviendo todos los días preocupado de medirse y de no hacer cosas que, posiblemente, en dos años más nos complique la vida.
Pero también es súper fome estar viviendo todos los días preocupado de medirse y de no hacer cosas que, posiblemente, en dos años más nos complique la vida.
lunes, 20 de abril de 2015
Recuerdos de marzo saltando a abril
Yo sabía que todos los días pasaría por ahí. Las primeras semanas, antes de poder levantar la mirada, ya se me mojaban los ojos. ¿Qué habrá estado haciendo él? Nunca supe realmente cómo iba a poder contener todo. A veces lo único que quería era quedarme dormido y que pasaran cuarenta y ocho días y despertara. Escuchaba la canción y lo único que entendía era que decía "y hay que salir a dar la cara". Nada más.
Una de las cosas que me gustaba hacer esos días era bajarme una o dos estaciones antes, generalmente en Las Mercedes, y venirme caminando a la casa, escuchando la canción que estuviera en sintonía con el momento. A veces era samoriseva, otras veces era houdini o miss you. Incluso una vez me bajé en Protectora, y me vine caminando por entremedio, por donde están esas casas bonitas, pensando en cómo hubiese sido si yo viviera ahí. La decisión de bajarme en esa estación estuvo marcada por dos cosas, una muy clara y precisa, y la otra no tanto. La primera es que ese día había mucha neblina, era tan bacán que las luces de las calles se veían difuminadas por el agua flotante, con suerte se veía un punto brillante entre medio de los árboles que parecía ser la Luna. La otra razón era porque no sé si no quería llegar a mi casa o si quería llegar a otro lado. Igual estuve cerca de la plaza central de la Ciudad del Sol, parece que tiendo a repetir los lugares.
No pudo ser de otra forma, y acordándome pienso que tampoco lo hubiese querido.
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