jueves, 19 de abril de 2018

¿Y ahora qué?

Nos saludamos 2 veces en la facultad; la primera vez no me atreví a acercarme, así que solo moví la mano y me respondiste de la misma forma, la segunda vez te acercaste de frente y me diste un beso en la mejilla.

Un día estábamos hablando y me dijiste que nos quedáramos una tarde conversando. Durante el viernes miraba por la facultad y no te veía, no es que siempre esté atento a si andas por ahí, es solo que no te veía. Te hablé y me dijiste que te habías olvidado, que no habías ido pero que podíamos vernos en un rato. Me dijiste que fuera a tu casa, pero que tenías todo desordenado, así que necesitabas unos minutos para recibirme. Al final fui a tu casa, me esperaste en la entrada del edificio y fuimos a comprar; tú compraste algo para fumar y yo algo para tomar.

Hablamos sobre el norte, sobre los bailes y los tatuajes; me mostraste tu reciente tatuaje y también el aro de tu ombligo. También hablamos sobre nuestras carreras (no creo que ninguno de los dos le haya prestado atención al otro) y nuestros fines de semana. Me acuerdo que dijiste que no imaginabas que yo fuera así, tan simpático y extrovertido, que me imaginabas más serio y reservado. Quizás si nos hubiéramos visto en la universidad esa tarde, probablemente hubiese estado más reservado, pero muy generalmente los espacios tienen efectos sobre lo que hacemos.

La verdad es que no logro recordar la sucesión de hechos de esa noche; ese día había consumido muchas cosas que usualmente no hacía, así que no estaba particularmente capacitado para grabar los acontecimientos. De todas formas recuerdo algunas cosas, como por ejemplo esa canción que pusiste y que te dije que no me gustaba, pero que finalmente igual terminé cantando. También recuerdo tu balcón y todo lo que fumamos, mientras yo pensaba en todas las cosas que quería dejar de lado esa noche y que finalmente no pude olvidar. Recuerdo que nos pusimos a bailar, solos en tu casa, y que nos reíamos y reíamos de no sé qué cosas. No puedo recordar si nos fuimos a acostar juntos, pero sí recuerdo que despertamos juntos y que nos quedamos algunas horas aprovechando la mañana.

Esa noche sentí que hice lo que quise, me di la libertad de seguir un impulso y no me arrepiento. De hecho me siento bien, sobretodo a propósito de lo que hablamos y de cómo se dieron las cosas. No sé si haría las cosas diferentes, durante esa tarde, y sobretodo durante esa noche.

Igual y estos días he pensado harto, y me da pena pensar que probablemente tú no has pensado nada. Hemos hablado nuevamente un par de veces, pero me da la impresión de que finalmente no ocurrirá otra cosa que lo que ya pasó.