sábado, 28 de junio de 2014

Últimos días de hueveo asqueroso

Me siento tan cansado, los días están pasando lentamente y se siente bastante. Ya estoy agotado de estudiar tanto, los profes se ponen de acuerdo para ponernos la mitad de las evaluaciones del semestre en la última semana. Puedo dormir hasta las tres de la tarde los fines de semana y sigo cansado, sin ganas de levantarme ni hacer nada. Quiero quedarme hasta tarde escribiendo, pero no informes ni ninguna mierda para la u, quiero ver películas, quiero terminar el libro que leía en el metro y que dejé de leer porque no me motivaba abrirlo, quiero terminar ese libro para comenzar otros, tengo dos o tres que quiero leer desde semanas. Quiero que se acabe el semestre, irme a un solo examen y comenzar las vacaciones. Quiero tener tiempo para pensar y para perderme entre las dudas que tengo, para resolverme un poco y aliviarme, aunque durante estas semanas ni para preocuparme he tenido tiempo (o ganas). Quiero pensar en las cosas que me hacen bajonearme para luego darme cuenta que hay que puro esperar, quiero cachar la mejor forma para no volver a caer, para que nada me pase la cuenta, para que las ganas repentinas de carretear para distraerme no se transformen en un cagaso del que me pueda arrepentir. Quiero pasar neuro y quiero tener psiquiatría, pero antes quiero descansar, dormir harto y soñar (porque desde hace un par de semanas que no he soñado nada). Quiero que pasen los meses rápido, quiero que las vacaciones sean eternas. Quiero reivindicar mi mal comportamiento, siendo un mejor yo. Quiero dejar de extrañar, para disfrutar lo que extraño y recordar porqué lo hago, para luego entristecerme y volver a extrañar.

domingo, 22 de junio de 2014

20 de junio

Lo que más pena me da es que después pasa el tiempo y uno se arrepiente de estas cosas.

domingo, 1 de junio de 2014

Hipotéticamente

Ayer estaba pensando que el mundo no hay sucesos inesperados, que en la vida no pasan cosas que quiebran el curso natural ni la continuidad normal de todo. Existe causalidad y existe correlación, hay pocas cosas que quedan al azar. Por ejemplo, un terremoto es producto de la acumulación de energía en las placas tectónicas o por la liberación de energía de los volcanes; los meteoritos tienen una órbita y llegan a la tierra, impactan y acaban con todo, nos destruyen, pero no aparecen espontáneamente. Así muchas cosas, como la Maca, que estaba sentada en el dentista el otro día justo cuando yo necesitaba ponerme los pearcing de las orejas. Ella no apareció ahí, porque me contó que no fue a trabajar para así ir a control. Vive en Maipú y tomó una micro para llegar, porque el metro se da una vuelta muy larga.
Ayer me puse a recordar cuando era chico y mi Tata nos hacía jugar a la búsqueda del tesoro, y teníamos que seguir las pistas que él dejaba para encontrar unos jugos en polvo, o una casatta, o unas dos luquitas para comprar lo que quisiéramos con mis primos. El tesoro no lo encontrábamos porque sí, aparecía porque sabíamos dónde buscar. A veces uno busca, y el encontrar es algo esperado, lo que nos sorprende es lo que encontramos, a veces de buena forma y otras no tanto. Cuando se da este último caso, recomiendo no buscar donde uno sabe que va a encontrar ciertas cosas un poco inquietantes, porque hipotéticamente uno podría sentirse mal.
Anoche, antes de acostarme, terminé pensando que, en ocasiones, es un error buscar, es un error esperar. Es un error hurgar en la memoria y es un error tratar de entender todo lo que pasó. Siempre hay recuerdos, cosas escondidas y guardadas con llave y enterradas, situaciones difíciles y recuerdos de infancia. Hace tres años decidí olvidar y no hablar, para que nada existiera nunca más.
Ahora estoy acostado y me pregunto ¿hasta cuándo?