domingo, 1 de junio de 2014

Hipotéticamente

Ayer estaba pensando que el mundo no hay sucesos inesperados, que en la vida no pasan cosas que quiebran el curso natural ni la continuidad normal de todo. Existe causalidad y existe correlación, hay pocas cosas que quedan al azar. Por ejemplo, un terremoto es producto de la acumulación de energía en las placas tectónicas o por la liberación de energía de los volcanes; los meteoritos tienen una órbita y llegan a la tierra, impactan y acaban con todo, nos destruyen, pero no aparecen espontáneamente. Así muchas cosas, como la Maca, que estaba sentada en el dentista el otro día justo cuando yo necesitaba ponerme los pearcing de las orejas. Ella no apareció ahí, porque me contó que no fue a trabajar para así ir a control. Vive en Maipú y tomó una micro para llegar, porque el metro se da una vuelta muy larga.
Ayer me puse a recordar cuando era chico y mi Tata nos hacía jugar a la búsqueda del tesoro, y teníamos que seguir las pistas que él dejaba para encontrar unos jugos en polvo, o una casatta, o unas dos luquitas para comprar lo que quisiéramos con mis primos. El tesoro no lo encontrábamos porque sí, aparecía porque sabíamos dónde buscar. A veces uno busca, y el encontrar es algo esperado, lo que nos sorprende es lo que encontramos, a veces de buena forma y otras no tanto. Cuando se da este último caso, recomiendo no buscar donde uno sabe que va a encontrar ciertas cosas un poco inquietantes, porque hipotéticamente uno podría sentirse mal.
Anoche, antes de acostarme, terminé pensando que, en ocasiones, es un error buscar, es un error esperar. Es un error hurgar en la memoria y es un error tratar de entender todo lo que pasó. Siempre hay recuerdos, cosas escondidas y guardadas con llave y enterradas, situaciones difíciles y recuerdos de infancia. Hace tres años decidí olvidar y no hablar, para que nada existiera nunca más.
Ahora estoy acostado y me pregunto ¿hasta cuándo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario