Ayer me puse a recordar cuando era chico y mi Tata nos hacía jugar a la búsqueda del tesoro, y teníamos que seguir las pistas que él dejaba para encontrar unos jugos en polvo, o una casatta, o unas dos luquitas para comprar lo que quisiéramos con mis primos. El tesoro no lo encontrábamos porque sí, aparecía porque sabíamos dónde buscar. A veces uno busca, y el encontrar es algo esperado, lo que nos sorprende es lo que encontramos, a veces de buena forma y otras no tanto. Cuando se da este último caso, recomiendo no buscar donde uno sabe que va a encontrar ciertas cosas un poco inquietantes, porque hipotéticamente uno podría sentirse mal.
Anoche, antes de acostarme, terminé pensando que, en ocasiones, es un error buscar, es un error esperar. Es un error hurgar en la memoria y es un error tratar de entender todo lo que pasó. Siempre hay recuerdos, cosas escondidas y guardadas con llave y enterradas, situaciones difíciles y recuerdos de infancia. Hace tres años decidí olvidar y no hablar, para que nada existiera nunca más.
Ahora estoy acostado y me pregunto ¿hasta cuándo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario