domingo, 28 de noviembre de 2021
¿Un deseo es siempre deseo frustrado?
Inés de Suarez
Ese día nos juntamos poco rato después de que la tarde oscureció completamente. Te esperé en una banca sentado porque llegué antes que tú. Estaba un poco nervioso porque hace más de una semana que no nos veíamos, andabas en el norte y habías llegado hace poquito. Llegaste y nos fuimos a un parque que quedaba cerca; te dije que no lo conocía y tú me dijiste que andabas cansado así que para ambos parecía buena idea. En el camino te metí conversa con temas de la bici y terminaste ayudándome con los frenos de la mía. Al llegar nos sentamos en el pasto, te pusiste a armar un tabaco y yo agarraba mis cosas nervioso mientras buscaba el pito que llevaba armado. Me contaste hartas cosas Bruno, y me gustó caleta escucharte. Mientras hablabas me di cuenta que era la primera vez que te escuchaba hablar tanto; te reías de vez en cuando y yo me reía contigo. Y también me mirabas, todo el rato, y a mi me costaba mirarte de vuelta. En ese momento me pregunté porqué me cuesta tanto sostener la mirada mientras converso, me parecía necesario ser capaz de mirarte de vuelta y poder hablarte siendo capturado por tu mirada.
Vayamos de nuevo a dar una vuelta en bici, estoy seguro que hay más historias que me podrías contar y yo estoy seguro que voy a disfrutar escucharlas echadito en el pasto al lado tuyo.
jueves, 8 de julio de 2021
Yo te dejaré en la noche, y te olvidaré en verano
"...yo te dejaré en la noche, y te olvidaré en verano".
Esos tres días estuve repitiendo la frase de una canción que había escuchado esa semana. Me pasa que repito mucho las canciones, y sus letras, y las imágenes mentales que se me vienen a la cabeza, y las emociones que aparecen junto con esas imágenes. Me pasa que repito mucho.
También me pasa que repito algunas palabras, miradas, suspiros. No te miento si te digo que esos días se trataron de ti. Aunque no solamente de ti. Se trataron de ti y de algo más. Quizás un poco de nostalgia y también mucha falta, y es que me haces bastante falta. El martes anduvimos caminando por algunas de las calles que contigo recorrí harto. Y no es que ahora no las disfrute como antes, pero no lo hago de la misma forma. Pienso que quizás el ritmo fue diferente, y también la complicidad de las miradas y gestos que ocurrieron. Ni siquiera sé a qué gestos me refiero, quizás de indiferencia, no tengo idea, pero la mirada no es la misma, no mira lo mismo, no me mira a mi.
Algo que también se repite es la frustración, y es que siempre me ha costado aceptar que algo que quiero no ocurra, la insatisfacción no es lo mío aunque me constituya. Pienso que quizás la busco pero no sé, parece que no estoy dispuesto a admitir todavía que quizás hacia ella me dirijo, de manera inconsciente, claro. Digo esto porque me siento frustrado, y siento que me mantengo en un circuito de frustración que se sostiene con pequeños gestos mezquinos y miradas evasivas que no me están haciendo sentir bien.
Estos días he andado triste. Lo he pasado bien, o más o menos, pero he andado triste. La semana pasada lo pasé bien, pero luego resentí la tristeza. Esta semana también lo pasé bien, y sigo triste. El problema, y lo que me da un poco de miedo, es que hay penas antiguas y tristezas nuevas. Me gusta sentir esa pena de antes porque me hace recordar, repetir, pero me da miedo quedarme solo con eso, con la repetición de un afecto que marca la falta de otra cosa. Y bueno, esas nuevas tristezas todavía no las entiendo mucho, y yo creo que es porque me estoy haciendo el tonto. Quizás las deje en la noche, y en el verano las olvide.
jueves, 6 de mayo de 2021
Esta es la tercera vez que despierto y ya no puedo no escribir. Estaba en tu casa, recuerdo que estaba la Mami Lucy no sé porqué pero yo sabía que estabas ahí y quería verte antes de irme. Ya no estábamos juntos y yo te extrañaba como lo hago ahora así que en ese punto esto no fue un sueño.
Cuando te veo te miro y no sé qué decir, nos miramos y te sigo. Nos echamos en la cama, que no era tuya, y nos abrazamos. Creo que esa fue la primera vez que desperté.
Recuerdo que me dijiste que en un ratito me hablarías. Yo estaba esperando en la otra pieza, había un camarote y me había cambiado ropa. Te demoras en hablarme así que te voy a ver; estabas durmiendo así que te despierto. Nos recostamos juntos y nos dimos un beso. No sé si hablamos en algún momento, es que parece que se me está olvidando tu voz.
Algo pasa entre nosotros dos, ambos nos echamos de menos y resentimos mucho estar sin el otro. No sé si escribirte, vengo preguntándome eso hace 5 meses, justo 5 meses. No sé qué me dirías, y eso me mata. A veces me quiero morir, porque no sé qué hacer sin ti. Otras veces me quiero morir porque me angustia pensar en efectivamente ya no nos veremos más. Te amé tanto y ahora me duele tanto todo. Siento que esta pena no se irá si luego de llorar no me dices que esté tranquilo y que todo va a pasar, que las cosas se arreglarán y que estaremos bien.
A veces siento tu olor o recuerdo como te veías acostado durmiendo. A veces recuerdo como se sentía pasar mis dedos entre tu pelo. Nunca pude transmitirte que me encantaba como tenías el pelo y que me gustaban tus rulos.
No sé cómo pasó pero en el sueño seguías en tu pieza. No bajabas. Pero luego me escribías un mensaje y yo sentía que nos veríamos de nuevo, y con eso me quedo tranquilo.
Jorge, siento que estás desapareciendo y yo no sé si pueda sentir más pena, me duele el cuerpo.
Lo que vi mirando al mar
Cuando chico siempre pensé que para las vacaciones la gente iba al campo o a la playa. Mi familia era de las que iba siempre al campo; visitábamos a la tía Mary en Rancagua y luego en Chillán. En algún momento dejé de viajar al campo, y en cambio comencé a ir a la playa. Y si bien mi primer encuentro con el mar lo recuerdo bien (vivía en la casa de mi abuela y con ella y mi familia fuimos a Cartagena por el día), la verdad es que no tuvo un significado especial hasta que fui contigo. Fuimos a Valparaíso una semana antes de que te fueras a Iquique. Sentí que nos estábamos despidiendo porque no nos veríamos más, pero en realidad fue una de las primeras veces que salimos a encontrarnos con el mar.
Mis encuentros con él se hicieron cada vez más frecuentes. Viajé un par de veces al mar del norte a encontrarme contigo, a verte, a sentirte, a quererte. A seguir echándote de menos.