Ese día nos juntamos poco rato después de que la tarde oscureció completamente. Te esperé en una banca sentado porque llegué antes que tú. Estaba un poco nervioso porque hace más de una semana que no nos veíamos, andabas en el norte y habías llegado hace poquito. Llegaste y nos fuimos a un parque que quedaba cerca; te dije que no lo conocía y tú me dijiste que andabas cansado así que para ambos parecía buena idea. En el camino te metí conversa con temas de la bici y terminaste ayudándome con los frenos de la mía. Al llegar nos sentamos en el pasto, te pusiste a armar un tabaco y yo agarraba mis cosas nervioso mientras buscaba el pito que llevaba armado. Me contaste hartas cosas Bruno, y me gustó caleta escucharte. Mientras hablabas me di cuenta que era la primera vez que te escuchaba hablar tanto; te reías de vez en cuando y yo me reía contigo. Y también me mirabas, todo el rato, y a mi me costaba mirarte de vuelta. En ese momento me pregunté porqué me cuesta tanto sostener la mirada mientras converso, me parecía necesario ser capaz de mirarte de vuelta y poder hablarte siendo capturado por tu mirada.
Vayamos de nuevo a dar una vuelta en bici, estoy seguro que hay más historias que me podrías contar y yo estoy seguro que voy a disfrutar escucharlas echadito en el pasto al lado tuyo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario