domingo, 28 de noviembre de 2021

¿Un deseo es siempre deseo frustrado?

Si hubiese escrito estas cosas hace algunos días, durante la semana como lo había pensado, quizás hubiese sido más sencillo comenzar. El martes salí a andar en bici después de llegar del trabajo y en el camino pensaba en ti y en la necesidad de escribir algunos de mis pensamientos sobre las veces que nos hemos visto, pero ahora me siento diferente porque por alguna razón no hemos podido vernos en dos ocasiones y no sé, estoy atrapado. Y yo sé que estas cosas pasan (aunque no sé bien a qué cosas me refiero), esto de no calzar o de no responder. No te miento si te digo que el viernes estuve toda la tarde esperando que me dijeras que estabas a punto de salir en dirección a mi departamento para que viéramos la película que habíamos dicho que veríamos juntos.

Quiero que nos veamos para escucharte, saber más de ti, para estar contigo. Y cuando digo estar contigo me refiero a eso, a estar, a disponerme a pasar un rato contigo y hablar de cualquier cosa, a echarme cerca tuyo y experimentar lo que sea que ocurra. La última vez que nos vimos fue para mi cumpleaños y no pude estar contigo el tiempo que me hubiese gustado. Te sentiste mal, me dijiste que estabas triste y no te sentías bien para estar ahí pero que querías verme porque sabías que esa noche era importante para mi. Hablamos un rato, te fuiste y yo me quedé pensando en ti. Me dio pena que esa noche no haya sido como lo esperaba, pero fue de otras formas y ahora en retrospectiva me arrepiento de no haber actuado diferente esa noche, no sé, tal vez pude estar más rato contigo, pudimos haber bailado, o quizás no, quizás nos hubiésemos podido ir a esconder a alguna pieza para conversar más tranquilos.

No sé si hablarte, no sé qué puedas pensar si te propongo que nos veamos durante la semana. No sé si estas instancias fallidas en las que nos íbamos a juntar pero no lo hicimos son para ti el intento de producir una distancia entre nosotros. Probablemente estoy pensando demasiado y fue solo azar. Espero que sea así. En fin, quiero hablarte y proponerte que nos veamos alguno de estos días, así de ambiguo, para ver cómo le das forma. Me pregunto si sería buena idea conversar contigo sobre esto, sobre lo que me pasa contigo, sobre lo que pienso de ti. Obviamente me da miedo, porque existe una gran posibilidad de que te incomode, te ponga en una situación difícil y no sepas cómo decir que en realidad no te pasa lo mismo conmigo. También me da miedo ponerme a mi en esa posición, quedar tan expuesto ante algo que sé que no se me da bien.


Inés de Suarez

Ese día nos juntamos poco rato después de que la tarde oscureció completamente. Te esperé en una banca sentado porque llegué antes que tú. Estaba un poco nervioso porque hace más de una semana que no nos  veíamos, andabas en el norte y habías llegado hace poquito. Llegaste y nos fuimos a un parque que quedaba cerca; te dije que no lo conocía y tú me dijiste que andabas cansado así que para ambos parecía buena idea. En el camino te metí conversa con temas de la bici y terminaste ayudándome con los frenos de la mía. Al llegar nos sentamos en el pasto, te pusiste a armar un tabaco y yo agarraba mis cosas nervioso mientras buscaba el pito que llevaba armado. Me contaste hartas cosas Bruno, y me gustó caleta escucharte. Mientras hablabas me di cuenta que era la primera vez que te escuchaba hablar tanto; te reías de vez en cuando y yo me reía contigo. Y también me mirabas, todo el rato, y a mi me costaba mirarte de vuelta. En ese momento me pregunté porqué me cuesta tanto sostener la mirada mientras converso, me parecía necesario ser capaz de mirarte de vuelta y poder hablarte siendo capturado por tu mirada.


Vayamos de nuevo a dar una vuelta en bici, estoy seguro que hay más historias que me podrías contar y yo estoy seguro que voy a disfrutar escucharlas echadito en el pasto al lado tuyo.