Yo sabía que todos los días pasaría por ahí. Las primeras semanas, antes de poder levantar la mirada, ya se me mojaban los ojos. ¿Qué habrá estado haciendo él? Nunca supe realmente cómo iba a poder contener todo. A veces lo único que quería era quedarme dormido y que pasaran cuarenta y ocho días y despertara. Escuchaba la canción y lo único que entendía era que decía "y hay que salir a dar la cara". Nada más.
Una de las cosas que me gustaba hacer esos días era bajarme una o dos estaciones antes, generalmente en Las Mercedes, y venirme caminando a la casa, escuchando la canción que estuviera en sintonía con el momento. A veces era samoriseva, otras veces era houdini o miss you. Incluso una vez me bajé en Protectora, y me vine caminando por entremedio, por donde están esas casas bonitas, pensando en cómo hubiese sido si yo viviera ahí. La decisión de bajarme en esa estación estuvo marcada por dos cosas, una muy clara y precisa, y la otra no tanto. La primera es que ese día había mucha neblina, era tan bacán que las luces de las calles se veían difuminadas por el agua flotante, con suerte se veía un punto brillante entre medio de los árboles que parecía ser la Luna. La otra razón era porque no sé si no quería llegar a mi casa o si quería llegar a otro lado. Igual estuve cerca de la plaza central de la Ciudad del Sol, parece que tiendo a repetir los lugares.
No pudo ser de otra forma, y acordándome pienso que tampoco lo hubiese querido.
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