domingo, 14 de enero de 2018

Tengo tanta pena. Me dijiste que querías conversar, y yo sabía que se venía algo fuerte. Habíamos peleado para año nuevo, y también te había hecho problemas ese viernes. Nos juntamos el primer jueves de enero y fuimos a un bar que quedaba cerca de tu trabajo, por Avenida Cumming. Nos sentamos, pedimos algo para tomar: yo una michelada y tú unos mojitos. También pedimos una chorrillana que no nos comimos ni hasta la mitad. Cuando ya no pudimos más, nos fuimos y tomamos el metro juntos. Yo te pregunté si tenías ganas de que fuéramos a algún evento de Santiago a Mil para saber si tenías intenciones de que hiciéramos cosas, y me dijiste que sí. Cuando te bajaste en San José me diste un beso en la boca, como siempre. Yo me sentí bien.

Esa noche me dijiste que no hablamos sobre nosotros, así que nos juntamos el sábado en la tarde. Me dijiste que querías estar solo, que te sentías mal en tu casa y que no querías preocuparte de nadie. También me dijiste que ya no te daban ganas de estar conmigo, no tenías ánimo para que nos viéramos o para que habláramos. Yo te entendí, te dije que podía darte el tiempo y el espacio que necesitaras, también te dije que si querías terminar, podíamos hacerlo. Me dijiste que no querías terminar, pero que estabas confundido y que querías estar solo. Después peliamos un rato sobre las cosas que nos molestaban, sobre lo del año nuevo y sobre lo de ese viernes. Sobre algunas cosas que habían pasado meses e incluso años atrás. Yo te decía que quería seguir contigo, pero en tu confusión ya estabas claro, y no había nada que pudiera decirte que te hiciera cambiar de postura. Me acompañaste a comprar algunas cosas a la farmacia, algunas cosas que a nadie más le podría haber dicho que me acompaña a comprar, y sabía que sería la última vez que me ayudarías con algo así.

La noche de ese sábado me junté con la Geral y el Alfredo en la casa de la Coni, y no sentía nada.

Al otro día me escribiste que había algo que me querías decir, pero que no te atrevías a decírmelo en persona. Te dije que no quería saber si te gustaba otra persona, porque ya había pasado por lo mismo contigo hace dos años y habían sido los peores días de nuestra relación, por lo menos para mí. No me dijiste nada y entonces supe que esa era la razón: te gustaba otra persona. No quería pensar en eso, así que te dije que quería que me pasaras las cosas que tenía en tu casa, para no tener que ir nunca más. No quería tocar el tema, porque sabía que me iba a sentir mal. Y bueno, ahora me siento mal y lo estoy escribiendo.

El jueves nos juntamos, me pasaste mis cosas y me preguntaste si tenía algo que decirte. No sabía que decirte, porque quería decirte que te arrepintieras, que me sentía mal, que no podía creer lo que estaba pasando, que me quería morir, que necesitaba que volvieramos a estar bien, que necesitaba que me dijeras que me querías y que me fuera a quedar a tu casa, que viéramos una película y que comiéramos algo rico. Pero como no ibas a hacer eso, no quise decirte nada.

Hoy día me sentí mal, porque vi que saliste y que fuiste a donde justo yo me arrepentí de ir, menos mal. No sé cómo me sentiré al verte luego de saber que ya no estamos juntos y luego de saber que ya no hay posibilidad de marcha atrás. No solamente porque le diste un beso a otra persona, y bueno, quizás qué otra cosa más. Me imagino todo, porque lo único que querías era estar solo para no estar conmigo y así poder estar con alguien más. Pero lo difícil es verte sabiendo que no me quieres, que no me amas, que no te puedo mirar, que no podemos hacernos los difíciles para terminar bailando juntos como siempre.

No sé, hoy me dio un bajón y ya no quiero nada, quiero que sea 2019 para ver si en esos tiempos me siento mejor.

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