Mi felicidad no es más que el vapor de un café, que aparece de la superficie y se mueve libre, atravesando mis ojos. No tiene forma, no se puede tocar, cuando quiero sostenerlo se me va de las manos y desaparece.
Mi felicidad no es más que el vapor de un café, que desaparece cuando disminuye el calor de la taza, disipándose entre el aire, sin que mis ojos puedan seguirlo. Sólo queda la reminiscencia de que fue y ahora no lo es.
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