Hoy podría ser el último día de un año que está por acabar, pero también puede ser la puerta de un nuevo año que está a punto de comenzar. La forma como viviremos depende de cómo vemos las cosas.
Podría pensar en las tantas cosas poco agradables que viví este último tiempo, y pensar, por ejemplo, que escribir sobre todas estas cosas no tiene mucho sentido. Sin embargo, podría pensar en todos los buenos momentos (aunque sean pocos) y darme cuenta que debería ser la persona más feliz del mundo. Bueno, creo que la forma como debiéramos hablar sobre nuestros recuerdos es incluyendo los buenos y los malos momentos. La idea es que no nos hundamos en un abismo de sensaciones negativas y sentimientos angustiosos, pero tampoco podemos flotar y saltar entre las nubes de las fantasías.
Me he sentido en la punta de la montaña rusa de la felicidad, pero también he sentido el viendo golpeándome fuerte la cara porque caigo como si me fuese a estrellar al suelo. He sentido que mi alma se parte y que no podré juntar las partes nuevamente, pero también me he sentido tan completo que por momentos no he necesitado nada más que a mí mismo. Me he sentido indestructible y capaz de lograrlo todo, pero de hecho no he logrado todo lo que he querido. Todo igual, un poco de lo bueno y un poco de lo malo.
En realidad todos queremos sentirnos bien, pero ¿cómo sabríamos que nos sentimos bien si no tenemos esos momentos malos para comparar? Necesitamos esto, necesitamos pensar sobre todo, necesitamos sentirnos mal, necesitamos caer en un abismo y necesitamos también ser capaces de darnos cuenta de donde estamos y a donde queremos estar.
En un año leeré esto y me dará vergüenza, pero no importa, me daré cuenta que crecí un poco, que cambié, que viví.
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