domingo, 10 de agosto de 2014

Helá en la Costanera

Este último tiempo he sentido que todas las cosas son importantes, algo así como momentos que uno sabe que se convertirán en recuerdos constituyentes y significativos para la vida del futuro. Nada tiene que ser olvidado, no quiero dejar de vivir y experienciar. Sin embargo, y en contra de mis deseos, no puedo retener nada, incluso si lo intento no lo logro, porque el tiempo es inmaterial, es una invención abstracta que surge por la necesidad del hombre de darle orden a los hechos. Pero, en general, la vida es desordenada, uno no recuerda cronológicamente, uno recuerda en razón de su interior. No quiero que mis momentos actuales se reduzcan a recuerdos que intentan reproducir una realidad que ya no es, sin sustancialidad.
Esta sensación se ha vuelto un miedo constante. Nunca entrego lo que quiero y las cosas generalmente están saliendo mal. Si fuera capaz de transmitir mejor las cosas, si pudiera decirte lo que le digo a los demás sobre mi interior, sobre mi cabeza, de seguro la situación sería diferente. La existencia me da pena, me da tristeza, no la entiendo y estar consciente de ella me agobia en extremo. Pienso que la muerte es la contradicción más grande de la vida, llegando al punto de convertirla en un absurdo.
Siento que cada día que pasa es una parte de mi subjetividad que se pierde y que se quedará, quizás, en un vaivén incesante en el aire, o enterrado en la tierra, no sé, si quiera eso sé con certeza.

FE DE ERRATAS:
- No sé si la palabra experienciar existe, parece que no, pero la puse en lugar de "experimentar" porque creo que esta última tiene una connotación diferente.
- Ésto no fue lo único que escribí esta noche, pero hay cosas que es mejor dejarlas escritas en cualquier parte, quizás para olvidarlas, quizás para no mostrarte algunas cosas.

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