viernes, 21 de noviembre de 2014

No sabía que llegaría el día

En un intento por reunir las mejores escenas hasta ahora, me detuve a pensar un poco en el estado de las cosas. En un comienzo me di cuenta que debería estar contento porque, si pienso bien, estoy justo donde quería estar cuando era más chico y pensaba en qué iba a ser de mí cuando fuera más grande. Sin embargo, en este ejercicio -demasiado común-, me llamó la atención que ese diagnóstico no reverberaba en la totalidad de mi experiencia, ya que, a pesar de ser positivo, no tenía un correlato en las emociones. Lamentablemente, no logré dilucidar del todo el porqué de los sentimientos contradictorios y ambivalentes, aunque algunas ideas surgieron y se quedaron dando vueltas en el aire de noviembre. No sé cuándo me desinteresé por estos días, pero ya desde hace algunas versiones que no quiero como antes la llegada de noviembre, quizás porque ya no pasa lo que pasaba antes, porque este mes está contaminado con algunas cosas o porque sé que es mejor no pensar en "qué sería si". También porque en la medida en que uno crece se da cuenta que los pensamientos se ponen a prueba, con resultados cada vez más refutadores e insatisfactorios, No me había imaginado que pudiera ser posible acostumbrarse a no recibir, a no preocuparse, a no sentir, a no mirar.Ahora sólo pienso que veintiuno no es más que tres por siete o que treinta menos nueve. 

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