Puede pasar que en cinco años más, incluso en tres años más, piense en los motivos de estos días y me de cuenta que lo temores de hoy no se hicieron realidad. Estaré en otra parte, ojalá así sea, y me daré cuenta que las cosas pasan y pasan y no se detienen. Pero la verdad es que está bien sentirse mal, está bien pensar en que las cosas cambiarán y no para bien. Está bien sentir que uno va a cambiar y no será el mismo, que dejará algunos hábitos y tomará prestado otros, que intentará imitar para no sentirse mal, negar la falta, adoptando maneras que antes eran de otra persona y ahora las sientes propias. Está bien aferrarse y no querer soltar, y tirar y tirar, apostando a que nada se va a cortar. Está bien mirar un año hacia adelante y sentir que si algún factor actual cambia o desaparece, la ecuación se desarmará.
Quiero creer que esto es cosa de todos los días, en diferentes partes del mundo y para muchas personas más. Ahora me siento mal, y tengo ganas de sentirme así por hartos días más, porque si uno se hace el tonto entonces las cosas se olvidan y luego parecen desaparecer. Y bueno, yo creo que nada es tan terrible como para merecer desaparecer de los recuerdos.
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