
Llegó cuando yo estaba en el norte, muy cochina y con malas costumbres. Le gustaba morder y a veces tiraba mordiscos ariscos, para defenderse cada vez que alguien intentaba hacerle cariño. Mi hermana la bañó y quedó más limpia. Con el tiempo empezó a confiar en nosotros y a darse cuenta que no le haríamos nada malo. Fue la primera de todas en lograr dormir adentro de la casa, la primera que aprendió a ir al baño, a avisar cuando quería salir al patio y la primera en entender cosas cuando le hablábamos. La Dominga era una perrita que se encontraron en la calle muy chiquitita y nosotros la adoptamos, y ahora es el centro de atención de la casa. Todos estamos pendientes de dónde está, de si anda triste, mi hermana se fija en sus ojos cuando se pone a llorar, y es que a veces la Dominga anda un poco bajoneada y se le notan las lágrimas en los ojos. Además es inteligente, porque no solo entiende lo que uno le dice, como que no haga tal cosa o que se suba a la cama, sino que también se da cuenta de cuando uno está triste. A veces, cuando tengo pena, la Dominga está todo el día conmigo en pieza, me espera, se acerca y se sienta conmigo. Una vez me puse a llorar y la Dominga también, y se acercaba y con su patita me hacía cariño en mis brazos, diciéndome que estuviera tranquilo. La abracé y me quedé dormido.
Todos deberíamos tener alguien que muriera por nosotros, que se pusiera triste cuando nos vamos, que se alegrara cuando nos viera, que nos buscara y se diera cuenta que necesitamos de ellos. Todos deberíamos tener alguien que nos hiciera sentir que su cariño por nosotros no está en duda, que no cambiará. Todos deberíamos tener a una Dominguita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario