Esa mañana desperté sintiéndome enfermo, resfriado. En cuanto lo noté me sentí culpable, "no dejas que tu cuerpo se recupere luquitas". Y entre mi resfrío incipiente y el frío de la calle me sentí triste, me dio pena y comencé a llorar. No sé si había llorado andando en bici antes. Bueno, la cosa es que esa mañana quise salir a andar en bici porque estando en mi casa no dejaba de pensar en ti, y en cómo me siento los días posteriores a que compartamos. En definitiva este escrito es el frustrante intento de poner en palabras (y registrar) esas ideas, imágenes, sensaciones corporales, pudores y angustias que sentí esa mañana. Y es frustrante porque siento que no me acerco nada, que no lo logro, así como tampoco logro conciliarme con la idea que el espacio entre tú y yo es una distancia a la vez que una cercanía, y que se siente fuerte experimentar un estado tan cerca del otro, así, como de un sábado por la noche contigo a un domingo por la mañana a solas.
martes, 27 de junio de 2023
Inspirado en eso que se me vino la mañana del lunes 26 de junio
Decidí levantarme porque una mañana más echado en mi cama hasta pasado el mediodía me haría sentir así: echado, botado, deprimido. Me abrigué como pude y salí a andar en bici, diciéndome desde el comienzo que no tengo porqué dar la misma vuelta que siempre, que puedo variar. Desde algunas semanas que estoy sin audífnos así que salí a escuchar los ruídos de la calle, y me propuse no poner música en mi parlante durante el mayor tiempo posible. La calle estaba tranquila, despejada, silenciosa. Y fría, muy fría.
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