martes, 16 de diciembre de 2014

Pena, pena, pena, pena, pena, pena y pena

Esta es la historia de un niño llamado Ignacio, al que la pena no lo dejaba vivir tranquilo, porque su cabeza tendía, por una extraña razón, a perseverar en las imágenes que lo ponían triste, provocándole un extraño y desconocido mal, el cual lo hacía poder sentir sólo una emoción: Pena. Lo curioso era que, aunque quisiera, no podía salirse de lo azul; sus ojos se ponían azules, su cara se ponía azul, sus pensamientos se ponían azules y su corazón se detenía de momentos y también se ponía azul. Lo conmovedor de esta historia es que Ignacio siempre buscó una cura para su rara condición, pero hace un tiempo dejó de intentar curarse porque ya no le importaba ser así, pues se había acostumbrado. Ahora en cambio todo le parece azul, se siente ahogado en (según sus propias palabras) "un mar gigante, que viene desde la izquierda siempre, como si fuera del pasado, como un miedo regresivo".
Pena, pena, pena, pena, pena, pena, pena, pena y pena.

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