Anoche estuve pensando en lo bonito que sería ir con alguien a algún puente de la ciudad y en alguna de las barras de la baranda dejar un candado y tirar la llave al agua, los dos con la misma confianza, con la misma ausencia de dudas, jugando entre la ridiculez y la seriedad, con las mismas ganas de apostar el amor a la suerte o al destino; a ambos o a ninguno.
Quizás algún día lo haga, a lo mejor vaya solo y cierre el candado y tire la llave, da lo mismo.
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