En cinco minutos llegué a pensar que quizás nada vale tanto la pena, y en otro cinco minutos volví a creer que en realidad si nada vale la pena, para qué gastarse pensando esas banalidades nocturnas. Ya quedan pocas semanas para salir de vacaciones de invierno, para dormir hasta tarde sin preocupaciones. En mi pieza al fin está la pared con algunas de todas las fotos que quería imprimir. Hoy llegué a la casa en la mañana medio enfermo, entre la alergia y el resfriado, pensando en de dónde voy a sacar ganas para leer todo lo que hay que leer y para terminar todo lo que hay que terminar. Lo único bueno es que, por tercera vez, comencé a leer un libro que tenía guardado, y al fin le agarré la onda, así que eso lo tomaré como un augurio de que las semanas que se vienen no serán tan malas.

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