Si tuviera que decir algo sobre mí, diría que tengo una memoria extraña y selectiva: recuerdo las cosas que no debería recordar y, en cambio, nunca retengo las cosas que debería. Digo lo que digo porque -aunque crea y quiera que no- las estadísticas dicen que va a llegar el día en el que recuerde todas esas cosas que no debería recordar, las diré y será una bomba de cosas reprimidas en la memoria (aunque ni tanto). Entre las chispas de la incontinencia verbal propia del estado crepuscular del momento diré que me mentiste, con -según tú- buenas intenciones, a pesar de saber lo que yo pensaba al respecto. Aludiré a las tantas cosas de las que me acuerde para reafirmar y sostener lo que diga, dando lujo de detalles para que no haya espacio para la duda, y suprimiré toda mi expresividad emocional (aunque esto todavía no lo tengo decidido). Recordaré que sí te gustaba y que ese no era mi nombre, recordaré que no sabían de mi existencia y algunas cosas más.
Pero las estadísticas todavía no recaen sobre mí en tanto caso, así que para qué voy a ponerme en suposiciones que, en realidad, prefiero que nunca pasen.

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