Ni siquiera lo pude mirar, todo parece tan extraño que me cuesta un poco mirar alrededor ahora. Cuando ya se había ido, comencé a caminar delante de las otras personas porque mi expresión se desfiguró; mis ojos y mi boca, el ceño y hasta la nariz. Desde hace más de dos meses yo sabía que un día pasaría pero nunca le tomé el peso al hecho de que realmente llegaría el día en que se iría y ya no estaría aquí, conmigo.
En mi interior tengo un mar que no está tranquilo, y que a ratos parece alcanzar con sus olas mis ojos y mi garganta, me ahogo y me quedo un rato ahí. En realidad ahora ese mar no me carga tanto como cuando era chico, porque en ese tiempo el mar no me gustaba, lo encontraba muy grande y me abrumaba saber que con un sólo movimiento de las tierras podía arrasar con todo. Hoy pasa eso, pasa que me arrasa y me derrumba, me destruye y me bota al suelo. Pero este mar no me carga tanto, porque sé que todo fue y es real, tan real como la pena que siento, tan real como las fotos que nos sacamos, tan real como que lo echo de menos, tan real como que lo quiero.
Estaba en el auto y por mi cabeza no pasaban muchas ideas, todas acompañadas del querer y la tristeza. Nunca había pensado que esas dos emociones podían estar juntas en un corazón. En algunos ratos sólo sonaban cinco letras en mis oídos, acompañadas de muchas muchas imágenes con sensaciones que recordaba.
La noche anterior me dijo que me hablaría, que conversaría conmigo y me diría algunas cosas, me dijo que necesitaba pensar y yo sé que lo hizo, yo sé que pensó en lo que me diría. Al final no me dijo nada, pero yo sé que pensó y algún día me dirá todo lo que no me ha dicho, yo sé. También sé que uno no sólo dice con las palabras que salen de la boca, uno también puede decir cuando mira y cuando no mira, con las expresiones y con las manos, con los besos y también con esos que no se dieron, uno dice con todo lo que hace y también con lo que no hace. Así que yo sé, yo sé que no sé lo que me iba a decir pero sé que de alguna manera me lo dijo, quizás no con palabras pero sí de otra forma, con su mirada a través de esa ventana.
Hoy estoy aquí, y la verdad es que no sé mucho de nada, no sé realmente cómo lo voy a hacer todo este tiempo, pero bueno, no hay mucho que hacer más que recomponerse y armarse de a poco, y luego acostumbrarse a desacostumbrarse del hecho de tenerlo a seis estaciones y una micro de mi casa.
Ni siquiera mil ochocientos tres kilómetros hacen que mi corazón deje de sentir lo que siente cuando lo pienso y lo recuerdo, así que no hay tranquilidad, porque el querer no es tranquilo, el querer es inquieto y rimbombante, es así, como te quiero yo a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario