miércoles, 26 de marzo de 2014

Mi cajita de tesoros

Una vez alguien me regaló una caja muy chica, y me dijo que ahí yo podía guardar cualquier cosa que quisiera: risas, cartas de amor, hojas secas que encontrara durante el camino a casa cuando saliera del colegio, dolores, secretos y muchas otras cosas. Yo al principio pensaba que nunca habría nada tan significante para mi como para guardarlo, y día tras día miraba esa caja y estaba vacía. Por un tiempo hasta se me olvidó que la tenía.
Luego de un tiempo comencé a querer guardar cosas, primero recuerdos que no quería recordar, luego dolores que no quería sentir, después alegrías que me entristecían y finalmente amores que no quería.
Cuando me di cuenta que en mi caja no caían más cosas, decidí que la escondería y nunca la abriría, así que saqué tierra con mis manos en el patio la casa de mis abuelos y enterré la caja. Luego la tapé y di diez vueltas alrededor mío para no recordar donde la había enterrado y así nunca poder sacarla.

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